McDonald’s

McDonald’s no es mi restaurante favorito, sin embargo no deja de intrigarme y sorprenderme. Cuando empezaron a abrir las primeras sucursales en México, eran para mi un lujo de niños ricos. Recuerdo perfectamente la primera vez que fui: se organizó una excursión con el grupo de inglés y curiosamente no había otro pretexto para la salida, la visita era exclusivamente al McDonald’s. Todos estabamos fascinados y aunque francamente no supe si me gustaron o no las hamburguesas ni las papas, sin duda la maestra nos introdujo de manera inductiva y seguro no intencionada a peligrosa forma gastronómica e irreversible: la comida rápida, el playground como opcion al parque y el concepto del happy meal, que sembro la idea de la felicidad en muchas infancias, segun afirman estudios sobre  motivaciones de adultos obesos que frecuentan el lugar.

McDonald’s cobra formas y funciones distintas en diferentes ciudades. La sucursal de 161 Yankee Stadium en el Bronx por ejemplo, tiene unas mesas afuera que albergan revendedores de boletos, homeless y una buena variedad de hustlers y consumidores de estupefacientes quienes gustan de tomar el sol o la luna descansando sobre las bancas…

No eramos los unicos en llegar a refugiarnos o a escapar de las poco soportables dinamicas de la nave industrial que rentabamos en aquella sucursal que soliamos llamar “El infierno” abierta las 24  horas. En ese lugar habia ya un ecosistema de personajes recurrentes instalados con sus respectivas pertenencias y paranoias, aferrados horas a una mesa por el costo de un café hasta el momento en que el manager los sacaba.

Fue un invierno muy frio y desde entonces los McDonald’s han cambiado bastante: sus nuevas investigaciones de marketing han revelado que las personas aceptaron honestamente su gusto por la chatarra y que ya no es necesario aparentar otras cosas o perseguir clientes que quieran comida “mas saludable” metiendo manzanas o ensaladas a fuerzas al menú. Lo que si se ha resuelto es invertir en el futuro y dar paso a la tecnología, decisiones que ya se dejan ver en algunas sucursales:

El de Avenida de las Americas y calle 28 por ejemplo, era bastante sucio y francamente apestoso, pero en tan solo unos meses se convirtió en el renovadísimo McCafé que le da la bienvenida a la automatización con pantallas de autoservicio que “agilizan” el pedido y pago de órdenes,  a la vez que reducen las colas de gente y desde luego la necesidad de contratar cajeros que apenas pueden lidiar con el estres del Fast Food.

Antes de su renovación recuerdo que un dia desde la ventana observaba la gran construccion de un edificio enfrente. Sali y un trabajador desde el andamio entonaba con buena voz una ranchera que pude reconocer,  “Cruz de olvido”. Nos saludamos y tras averiguar que ambos teniamos familia de Michoacán, quedamos de tomar un café (sobra decir dónde).

Allí,  Jesus me contó que el no suele comer en esos lugares sino que preparaba su propia comida. El no ha trabajado en construccion toda la vida; a sus 14 años cuando llego a California, su primer trabajo fue pizcando uva. También trabajo en un aserradero y poniendo pavimento en carreteras, hasta llegar a instalar elevadores en edificios de Nueva York.

Jesus tiene un hijo, Sebastián, a quien ve poco pero a veces lo lleva a Chuck-e-Cheese’s (nunca he ido pero tengo entendido que es un concepto mas avanzado en juegos y comida para niños).

Jesus dice con mucha seguridad que ningun trabajo es dificil si a uno le gusta trabajar y no andar pidiendo. El es muy activo y piensa en un futuro abrir su propio negocio de tacos o cualquier forma de comida rápida, porque a la gente no le gusta esperar.

 

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